El pensamiento constructivo resulta básico en lo referido a inteligencia emocional. Este tipo de pensamiento influye en la forma en la que nos relacionados con los demás, es clave en la resolución de problemas interpersonales y nos permite solucionar los avatares que se nos presentan en el día a día.
No es tarea fácil intentar dominar una emoción, sobre todo si esta se manifiesta de una manera desproporcionada, es el caso de aquellos individuos que gestionan los problemas con impulsividad dejándose llevar por la ira o el enojo excesivo. La percepción que los demás tienen de ellas es la de personas seguras de sí mismas, que están en posesión de la verdad y que lo demuestran con firmeza de carácter. Nada más lejos de la realidad, sin poner en duda la óptima capacidad intelectual, estas personas no muestran una adecuada y positiva capacidad a nivel emocional. Debido a esta falta favorable en la gestión de sus emociones no suelen ser personas valoradas positivamente por su red social.
En los casos más extremos pueden aparecer trastornos, que llegan a producir una clara perturbación de las facultades mentales del sujeto que queda a merced de sus emociones. Estos trastornos pueden ser transitorios, o estar bien definidos como en el caso del trastorno bipolar, manía, hipomanía e incluso depresión.
¿Se puede gestionar esa impulsividad que afecta negativamente en nuestras relaciones antes de que sea considerado un trastorno clínico como tal? Como se dijo al principio no es fácil, pero con voluntad y de la mano de un profesional se puede entrenar con la práctica de pensamientos positivos modificando los negativos que pasarán a considerarse como valiosos aprendizajes.
El apoyo externo es un activo de gran valor para aprender a gestionar aquellas emociones que aportan malestar en nuestras relaciones. En caso necesario pide ayuda profesional.
